Deja
Deja que ruede, toma la madeja de tus historias y hazte cargo.
Hazla rodar en los canteros, en esas esquinas donde ni los mendigos se atreven a entrar.
Que la lleven aquellos perros desquiciados que se animan a cruzar la autopista,
las palomas que no pagan alquiler o los niños de la calle en los huecos del zapato que no pudieron cambiar.
Hazla rodar en un crujido, para que todos vean como gira, como grita la voz de tu locura sepia en esa cordura que debes aparentar.
Que sea sofoco y mar, un poco de jengibre y mirra en el plato especial.
Que sea sofoco y mar, un poco de jengibre y mirra en el plato especial.
Deja que ruede,
por más que te hagas mareo y centrifugues en cada giro.
La luz encuentra.
La luz encuentra.
Y al final nada será tan insoportablemente cuerdo, ni tan insoportablemente loco.
Pasará
Deja
Gira tus pies, hunde tus dedos, que bailen, aún sepultados en la arena
Solo será la vida, tan loca como tú nunca has estado.
Al final serás ella y la madeja, rodando sin poder parar.
